Alimentación consciente o cómo dominar tus emociones a través de la comida

Se acerca el verano y a la mayoría nos preocupa no poder entrar en el pantalón del año pasado o no lucir bien en la playa o la piscina. En esta ocasión decidí llamar a mi amiga Gema Martíz, directora de Espacio Argenta y profesional del mundo de la dietética y nutrición para pedirle unos consejos, que si no mágicos, pudieran servirnos para este momento y en realidad para toda la vida.

La entrevista fue tan reveladora que por eso hoy he querido compartirla con todos vosotros.

Os recomiendo que veáis el vídeo hasta el final porque os tenemos preparada una valiosa sorpresa valorada en 60€.

Aquí tenéis un avance de los temas que vamos a tratar para aquellos que sois más visuales y os guste leer además de escuchar.

La alimentación consciente, básicamente es  todo lo contrario a la alimentación inconsciente, que es lo que practican la mayoría de las personas.  Supone tener una cierta planificación sobre lo que comemos y además nociones acertadas sobre qué es lo que cada uno necesita comer.

En la alimentación no hay reglas estándares para mucha gente por eso es necesario que una dieta se adecúe a cada caso en concreto. No es lo mismo una alimentación para alguien que tiene tendencia a la ira, por ejemplo, que la alimentación para una persona tranquila o con tendencia a la depresión. O para un niño hiperactivo, al que podemos acentuarle su nerviosismo con una alimentación inadecuada.

Por otro lado, el estrés y las prisas con los que la mayoría convivimos hacen que comamos más y peor, y que lo hagamos con ansiedad y cosas inadecuadas. Además, el estrés provoca unos cambios fisiológicos que nos hacen propensos a engordar, a retener grasa.

Según las estadísticas, el peor momento es cuando llegamos a casa. La ansiedad acumulada a lo largo del día emerge de sopetón y nos lleva a engullir todo lo que encontramos antes de la hora de cenar.

Lo primero es ser consciente de que hay que aprender a convivir con el estrés y poner en práctica trucos que nos ayuden a llevarlo de otra manera. Porque si te has fijado, ante situaciones idénticas, unas personas las viven de una manera y otras de otra diferente. ¿Qué cambia ahí? La forma de enfrentarse a la situación.

Lo primero: RECONOCER que tengo estrés.

Segundo: IDENTIFICAR qué es exactamente lo que me estresa, y aquí no valen vaguedades como “el trabajo”; hay que ser específico: mi jefe, que no me da tiempo a sacar el trabajo adelante, mi compañero de mesa,  etc. Cuanto más específico seamos, mejor podremos aplicar el paso siguiente.

Tercero: ACEPTAR  la situación porque la realidad es lo que es. Nos pasamos la vida queriendo que sea de otra manera y ella, día tras día, nos enseña que la realidad es lo que es. Pelearse con la realidad no es buena idea porque perdemos siempre.

Cuarto: poner en práctica los TRUCOS, las herramientas adecuadas. Por eso es tan importante ser específicos, porque no es lo mismo un problema de estrés porque no me da tiempo a acabar las tareas (ahí trabajaríamos quizás la gestión del tiempo y de las prioridades y la asertividad, por ejemplo), que un problema de estrés porque no soporto a mi compañero de despacho.

Todo esto lo puedes trabajar en sesiones de coaching donde se abordan las circunstancias específicas de la persona. Porque la comida no es solo lo que entra por la boca.

Literalmente comemos lo que entra por los ojos (los programas que vemos, lo que leemos…y que pueden ‘revolvernos el estómago’) y lo que entra por los oídos (la música que escuchamos, las conversaciones…y que pueden ‘hacer que te tragues una emoción’). Esa noticia o ese comentario que ha causado en ti una gran impresión, que ha desatado unas reacciones fisiológicas en el cuerpo y esa adrenalina y cortisol que se ha generado, lo vas a tener que metabolizar. Es decir, que tenemos que digerir TODO lo que comemos, vemos, oímos y olemos.

Y ahí vamos con las cuestiones prácticas ¿Qué puedo hacer para evitar devorar media nevera cuando llego a casa?

Lo primero es tener siempre una botella de agua cerca y tomar un buen vaso antes de salir del trabajo, para llegar a casa hidratados.

Lo segundo es llevar con nosotros también una barrita energética nutritiva, una fruta fresca o un puñado de nueces, por ejemplo. Esto debemos tomarlo también al salir del trabajo o en el camino de vuelta, de modo que nos vayan saciando antes de llegar. Y unos cinco minutos antes, podemos tomar un caramelo de Flores de Bach.

Lo tercero es realizar una planificación mental de nuestra tarde para tener un plan y al llegar ponernos a ejecutarlo. Tener la mente distraída para no pensar en la comida.

Lo cuarto es realizar cenas lo más ligeras posibles, preferentemente compuestas de verdura y proteína magra.

Os recomiendo que veáis el vídeo hasta el final porque os tenemos preparada una valiosa sorpresa valorada en 60€ además de un ejercicio de respiración para ayudar a controlar el estrés y la ansiedad por la comida.

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