El arte de meditar y su valor

Recientemente muchos de mis autores favoritos están recomendando la meditación. Era una asignatura que yo tenía pendiente porque bien es cierto que sé meditar y comparto mis meditaciones guiadas,  pero no es lo mismo.

Hoy quiero hablaros del arte de meditar, llevaros a una comprensión más profunda de lo que es y para lo que te puede servir y de la mano de los mejores expertos en ello, ya que llevan años practicándolo como una forma de vida.

Los que ya lleváis tiempo conmigo y me conocéis sabéis que cuando decido iniciar un camino, algo que llama en mi la atención y que creo que puedo exportarlo (exportarlo en el sentido literal de la palabra, es decir sacarlo de mí y entregarlo a otro a quien puede ayudar) lo hago a fondo y este verano he estado asistiendo a varias clases y talleres de meditación en un reconocido centro budista de Madrid. Aquí os comparto algunas de las valiosas enseñanzas que aprendí y la promesa de profundizar más en el tema, si os gusta.

Lo primero en lo que quiero hacer hincapié es en significado de meditación, meditar no es elevarse, ni entrar en éxtasis, ni si quiera es algo espiritual no te equivoques: Meditar es llevar a la mente donde tú quieres y no donde ella quiere ir.

Meditar tampoco es concentrarse en algo que se quiere, o visualizar el cuerpo perfecto, eso es obsesión. ¿Y cómo sé distinguirla? Muy fácilmente, meditar te da paz y si no es así, no has meditado.

Piensa bien en lo que estoy diciendo porque dominar la meditación es dominar la mente. Es dejar atrás los pensamientos intrusivos, las obsesiones, las noches en vela por los problemas, el sufrimiento por las cosas que no están a nuestro alcance. Meditar es aumentar tu capacidad de concentración para hacer lo que quieres, es tener la llave de la voluntad.

De lo que se trata por tanto es que comenzar a acallar la mente, independientemente de la situación que haya en nuestro exterior, encontrar un lugar de paz interior que pueda ser exportado al exterior.

El mayor error que la sociedad actual comete es volcar en el exterior toda la fuente de la felicidad. Pensamos que cuando obtengamos el trabajo de nuestros sueños; la pareja perfecta; el coche, los hijos; los viajes de ensueño seremos felices.

Y en parte es cierto ¿pero por cuánto tiempo? Cuando consigues esa meta ¿Por cuánto tiempo te hace feliz? ¿Cuándo deja de sorprenderte tu ascenso? ¿Cuándo deja de cosquillearte el estómago al ver a tu pareja? ¿Cuándo pierdes la ilusión por planear el nuevo viaje? ¿Cuándo deja de emocionarte ver que entras en una talla 38 o corres un maratón?

La felicidad exterior es más efímera de lo que nos gustaría y eso nos hace querer más, buscar más y cuando sentimos que ya no hay nada más que nos pueda provocar esa emoción entramos en barrena, en un bucle de vacío que no comprendemos, y nos preguntamos “¿Pero qué quiero si lo tengo todo?” (Si todavía no has llegado a esa pregunta y crees que un viaje más caro aún, otro novio más joven o un salario más alto es la clave de tu felicidad…. Vuelve a empezar a leer o bien deja el artículo para más adelante)

Cuando un mismo objeto no te ofrece felicidad en todo momento es que no es fuente de felicidad.

La fuente de felicidad solo puede ser algo fijo e inamovible que siempre, en cualquier momento y situación te procure felicidad, en el tiempo y a través de los tiempos, cuando las cosas van mal y cuando van bien.

En ese momento alguien te dice que la sensación de felicidad auténtica y duradera solo puede estar dentro y surge de la paz interior. Realmente eso es lo que buscamos siempre, paz interior. Cuando nuestra mente está en paz podemos disfrutar incluso de las cosas que no nos gustan ¿O no? Cuando la mente está en paz automáticamente dejas de sufrir y tu mente entrenada busca soluciones.

Cada día que meditas estás adiestrando a tu mente para ir donde tú la quieres llevar.

Cada minuto de meditación, aunque no sea perfecto, cuenta.

Tienes que poner tu voluntad en ser feliz y domar a tu mente para que dé un paso atrás. La mente es sinónimo de movimiento continuo y tratar de obligarla no funciona porque tiene recursos muy poderosos (ya sabes el experimento: “No pienses en un oso blanco”) tienes que domesticarla.

Con la promesa de seguir profundizando en el tema, si os interesa, dejo para otro artículo algunas de las cosas que aprendí muy pero muy interesantes para ayudarnos a comprender esa sensación de vacío interior.

Paso a la parte práctica del artículo y a detallarte los elementos básicos de una meditación

  1. Aquietar la mente
  2. Marcar un objetivo
  3. Dejar la mente en blanco
  4. Dedicar el beneficio de la meditación

La mente se aquieta con la respiración y manteniendo el foco en tu cuerpo. Esta fase al principio cuando no se tiene experiencia es la más larga, con la práctica acaba siendo la más corta.

Tener claro el objetivo de la meditación. Generalmente ser feliz o encontrar la paz y desearlo también para otros.

Dejar tu mente en blanco. Esta es la parte más difícil, al principio durará segundos antes de que te venga un pensamiento intrusivo, que por supuesto debes apartar pero con la práctica se debe tender a que esta fase sea lo más larga posible  para permitir que desde tu subconsciente (o Yo Superior o Dios Interior o Alma…etc) lleguen ideas, mensajes, respuestas o simplemente nada.

Dedicar el beneficio de esa meditación a un fin altruista (por ejemplo por la paz mundial, por el ecosistema, por los que sufren)

Sin más dilación te invito a que me sigas en un ejercicio de meditación guiada, guiada en un principio, para que después seas tú quien lo haga sin necesidad de mi ayuda.

 

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Si deseas compartir con tus lectores el artículo o usar partes del mismo, aunque sean pequeñas, deberán estar entrecomilladas, citando siempre el nombre de Patricia Rómer como autora, junto a un link directo a www.patriciaromer.com

6 thoughts on “El arte de meditar y su valor”

  1. Muy buen artículo y vídeo, Patricia. He conseguido entrar fácilmente en la meditación y eso que estoy en un periodo en el que me estaba costando.
    ¡Muchas gracias compañera!:D
    Laura Durán (coaching)

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