Tratando el pánico escénico de un actor

Ya conocía a Yago (no es su nombre real) porque anteriormente había estado en mi consulta para tratar algunos problemas relacionados con su forma de afrontar las relaciones laborales. Había tenido problemas con algunos compañeros de trabajo y su inseguridad le llevaba a ‘agachar la cabeza’ ante cualquier injusticia y luego literalmente ‘comerse sus emociones’ de rabia por el abuso que ejercían sobre él.

Todo aquello quedó en el pasado. En esta ocasión me sorprendió de veras al contarme que en estos años había descubierto su verdadera vocación y se había matriculado en un curso superior de arte dramático. Había buscando la mejor escuela de Madrid e invertía toda su pasión, todo su tiempo y mucho dinero en formarse porque quería ser actor.

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Desde el principio se sintió ‘demasiado mayor’ entre los jóvenes estudiantes y a la vez se sentía rechazado porque era demasiado tímido e inseguro a la hora de salir a escena.

La primera consecuencia era que había comenzado a dejar de ir a clase y se sentía fatal por ello. Su objetivo, me dijo, era claro “quiero disfrutar, quiero darme la oportunidad de ser actor”.

Comenzamos a aplicar un protocolo que he creado para trabajar con personas que tienen miedo a hablar en público basado en un principio en observaciones cognitivas, síntomas físicos, pensamientos recurrentes….

A pesar de que cuando tengo que actuar comienzo a sudar

Aunque solo pensar que tengo que salir me hace entrar en pánico

A pesar de que me bloqueo y olvido mi papel

Pero en seguida surgió el hilo conductor y el acontecimiento que estaba detrás. Recordó que él tenía costumbre de jugar a imitar voces y cantar cuando era niño. Su padre era un hombre rudo, de campo lo criticaba continuamente. A voces le pedía que se callara, acompañándolo de insultos tipo “eres gilipollas, deja de hacer el ridículo hablando de esa manera, solo me faltaba tener un hijo raro”.

En ese momento Yago, que había olvidado esos episodios, soltó verbalmente toda su furia contra lo que él llamó un ‘padre castrador’. En ese momento, para no cortar el hilo que había surgido, le dejé que fuera soltando todo lo que tenía guardado contra su progenitor cambiando de punto de tapping con cada frase.

Aseguró que él se sentía en las clases de arte dramático juzgado por sus compañeros y poco apoyado por los profesores que ante su timidez apenas le prestaban atención.

Estuvimos trabajando las frases:

Aunque me siento juzgado por mis compañeros, me acepto completa y profundamente.

Aunque me siento inseguro y desprotegido…

Y consideré que era el momento de introducir un matiz:

“Aunque yo también estoy juzgando a mi padre y a mis compañeros, me acepto y me respeto”

Ya era hora de introducir algunas afirmaciones positivas para que Yago recuperase su poder personal:

A pesar de que siento vergüenza al actuar, elijo darme la oportunidad

Aunque a veces me siento ridículo entre tantos chavales, este es mi sueño y quiero vivirlo

Aunque mi padre pensaba que yo hacía el ridículo y que cantaba mal, soy yo quien decide lo que quiero ser

Y para finalizar, tenía reservado una pequeña joya que me guardo para clientes con este problema y que combina PNL con Risoterapia. Apelando a su profundo deseo de ser actor, le pedí que colocándose en diferentes posiciones fuera interpretando el papel de su padre, aquel episodio en que a voces le decía aquellas cosas tan terribles a un niño que le hicieron sentir inferior y abandonar su deseo de dedicarse a la interpretación desde muy joven.

Imitó a su padre con voz aguda, voz mexicana, voz gallega, con un polvorón en la boca…etc. Ni que decir tiene que acabó la sesión entre risas y muy sorprendido preguntándome ¿para qué me iba a servir esto? Simplemente le dije que se esperase a su próxima clase.

Al día siguiente me escribió diciendo que había disfrutado enormemente de su clase y que pasó todo el día riéndose por lo bajo al recordar ‘lo ridículo’ de su padre hablando de aquella manera.

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