Sanando la herida de rechazo: de la desesperación a la aceptación

 

Me llena de alegría cuando hay personas que después de trabajar con sus emociones viven ese momento sublime de comprensión y aceptación. Es como si en el momento de encajar la última pieza del puzle con el click sutil que suena, nuestro sistema sintiera la descarga de electricidad que produce cuando la energía ya tiene libre el camino y puede volver a circular por nuestro cuerpo procurándonos esa sensación de paz y seguridad difícil de explicar.

Esto acaba de ocurrirle a una de mis clientas que llevaba varios meses trabajando conmigo la herida de rechazo. Gabriella llegó hace unos meses contándome que tenía la sensación de que desde que fue concebida había sido rechazada por sus padres, por la sociedad, por el mundo en general.

En muchos casos era una percepción sutil porque realmente si lo analizaba conscientemente sus padres la querían, la habían cuidado y su infancia no era mala. Tenía una buena carrera profesional, una familia, un trabajo, una casa….

Es cierto que había episodios en su vida en los que había sufrido rechazo de amigas, de exparejas, de jefes…

Pero era más bien la sensación interior de no pertenencia, de no sentirse a gusto en ningún sitio y con nadie.

 

En las sesiones, las cajas de pañuelos volaban, pero no hay que tener miedo a llorar, simplemente dejar que salga, comprender porque sale e ir tomando pequeñas decisiones que van modificando nuestro rumbo final. Las personas que llegan a nuestra vida y nos abren una herida no lo hacen con esa intención, en realidad somos nosotros y no ellos. Simplemente significa que tienes que arreglar algo que no funciona en tu vida. Lo mismo ocurre cuando tenemos accidentes; nos olvidamos de algo de suma importancia; o sobreviene un problema físico o enfermedad.

No te voy a negar que muchas veces Gabriella se paró, volvió a sentirse perdida en su vida y con la sensación de que no avanzaba y no conseguía nada por muchos ejercicios y deberes que yo le mandase hacer.

No te voy a negar que muchas veces a Gabriella su hábito de sentirse víctima podía con su esfuerzo por cambiar.

Con cada revés que aparentemente le seguía dando la vida, ella sacaba un aprendizaje. Muchas veces lo comentábamos y ella trataba de buscar otra perspectiva de lo que le estaba ocurriendo.

¿Qué hizo Gabriela para sanar su herida de rechazo?

  1. Realizar tapping con aquellas personas que creía que la rechazaban
  2. Realizar tapping con aquellas personas a las que ella inconscientemente rechazaba
  3. Realizar tapping todas aquellas veces que se rechazaba a si misma
  4. Meditar para quitar de su foco de atención la realidad que tenía y que no le gustaba
  5. Hacerse consciente de su tendencia al pesimismo y forzar con constancia a su cerebro para crear nuevos caminos neuronales y también nuevas perspectivas
  6. Dar pequeños pasos, con miedo, pero siempre hacia adelante para cambiar lo que no quería en su vida
  7. Aceptar aquellas cosas que por el momento no podía cambiar
  8. Consulta conmigo una vez al mes para seguir avanzando en su crecimiento personal

Los resultados

Recientemente hicimos balance de su vida desde que hace seis meses dio un golpe de efecto en la mesa y se dijo a sí misma que no podía seguir así y estos fueron los resultados que indican que su herida de rechazo está sanando:

Hizo las paces con su exmarido. La relación no se ha retomado pero son buenos amigos y él le pidió disculpas reconociendo que no había hecho todo lo posible porque el matrimonio funcionase.

Se deshizo, a buen precio, de una serie de propiedades que la ataban a su pasado y no la dejaban seguir adelante.

Se sintió lo suficientemente fuerte para plantar a su actual pareja que se negaba a comprometerse en la relación como ella deseaba.

Comenzó a ver las relaciones de pareja desde otra perspectiva, y no la de ‘necesito a alguien para ser feliz’, y acaba de comenzar una nueva relación que precisamente surgió tras un encuentro ‘casual’ y a raíz de un grave problema.

Antiguas amigas que ella pensaba que la había rechazado han retomado el contacto con ella ‘de manera espontánea’.

Y lo mejor, en la última sesión encajó la última pieza del puzle: “Patricia acabo de comprender que la clave está en aceptar las situaciones que no te gustan llevándolo lo mejor posible hasta que escampe”.

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